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NUESTRAS
SEÑAS DE IDENTIDAD Esta usted
en un centro altamente especializado en la disciplina de karate do, como
medio educativo y formativo y como un excelente método de defensa personal. Nos avalan
treinta y un años de práctica, así como veinticuatro años dedicados a la
enseñanza, habiendo formado a más de cien cinturones negros entre primero
y sexto dan. Este
constituye nuestro medio de vida, por que sentimos que esta es nuestra
vocación y de ella hemos hecho nuestra profesión. Nuestro
enfoque de karate do esta fundamentado en el karate do como medio para
mejorar la salud física, mental y emocional. Transmitiendo a través de la
práctica cotidiana, no sólo la técnica, sino además una serie de principios
y valores. Ya que somos
profesionales, nos consideramos trabajadores
del karate do y por supuesto percibimos una remuneración por nuestro
trabajo, no nos hagáis sufrir mucho y abonad las cuotas mensuales con
puntualidad (entre los
días 1 y 15 de cada mes). No somos
partidarios de las competiciones, pues estas sólo son un reflejo del nivel
dentro del “aspecto deportivo del karate do” y no así de un auténtico
y profundo conocimiento de esta disciplina, como algo que va mucho más allá
del deporte, alcanzando el rango de arte y de forma de vida. Consideramos
que las mismas, por regla general desvirtúan la esencia y la filosofía de
este arte. Si eso es lo que busca, no se encuentra usted en el centro adecuado. Nuestro empeño,
entusiasmo e ilusión por mejorar, se reflejan en el constante trabajo,
estudio e investigación. Hemos desarrollado una novedosa metodología, basándonos
en el estudio profundo de los kata, este estudio está recopilado en un
proyecto de más de 200 folios y pretendemos culminar el mismo con la
publicación de un libro (de hecho, la obra esta registrada en propiedad
intelectual). Nuestra aportación está suscitando el interés de otros
profesionales con similares inquietudes y esta surgiendo demanda de cursos
tanto dentro como fuera de Asturias. Confíe únicamente
en profesionales, no se deje engañar por aficionados, que además de
realizar una competencia desleal hacia nuestro gremio (trabajan sin un
seguro específico para ejercer dicha actividad y no pagan ningún tipo de
impuesto) están llevando a cabo una política de campo arrasado, es decir
todo lo que tocan, lo destruyen para ellos y evidentemente para los demás.
No sólo por tener un título y un grado determinado otorgado por un
organismo oficial se es profesor de karate do, tiene que haber vocación y
dedicación plena. Al final lo barato sale caro. Salvo que se considere esta
actividad como un parking para niños.
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